El autoritarismo no es revolucionario, Señor Ortega

Tenía cinco años cuando triunfó la revolución sandinista por lo que mis recuerdos provienen de la lectura y de la revolución ya avanzada.

Recuerdo asistir a charlas de brigadistas, de representantes del Gobierno sandinista. Recuerdo leer a Ernesto Cardenal, a Gioconda Belli, a Sergio Ramírez al tiempo que tarareaba las canciones de Carlos Mejía Godoy. Recuerdo aquel sueño que hoy ha devenido en pesadilla.

Hubo una época en la que la revolución sandinista recabó la simpatía y el apoyo de las gentes de la izquierda mundial; hoy, la represión y la violencia que el Gobierno de Ortega está ejerciendo contra el pueblo nicaragüense recaba el rechazo de aquellas mismas gentes.

Desde que jóvenes estudiantes y ecologistas recorrieran las calles de Nicaragua protestando por la gestión gubernamental del incendio en la reserva Indio Maíz y las posteriores manifestaciones de rechazo a la reforma del sistema de seguridad social Nicaragua está viviendo una escalada de violencia y represión como no se conocía en el país desde los tiempos del dictador Somoza.

Los últimos meses, pasado el momento más mediático, se han convertido en una secuencia de maniobras más sutiles de aplacamiento de los grupos discrepantes con las políticas del gobierno de Ortega. El informe publicado el mes de agosto por el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos describe sin ambages las diferentes etapas llevadas a cabo por el Gobierno de Daniel Ortega con un único propósito: acallar todo conato de discrepancia. Para alcanzar su objetivo Ortega no ha tenido el menor reparo en vulnerar derechos humanos como el derecho a la libertad de expresión, derecho de reunión o el derecho a la salud, negando la asistencia sanitaria a las personas heridas en los disturbios.

Organizaciones humanitarias cifran en 674 las personas detenidas. El Gobierno reconoce 273.

Según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos la violencia se ha cobrado la vida de más de 300 personas.

A estas terribles cifras hay que añadir las de quienes han abandonado el país por miedo a lo que les pueda pasar a ellas y sus familias.

El último episodio represivo ha sido la retirada de la personalidad jurídica a Organizaciones No Gubernamentales (ONG), entre ellas el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos y el Instituto de liderazgo Las Segovias. En esta última fase además de las Organizaciones No Gubernamentales se ha aumentado la intensidad de las acciones contra periodistas y medios de comunicación críticos con el gobierno sandinista.

Los ataques reiterados a las ONG confirman lo que muchas venimos denunciando, que la sociedad civil organizada es una amenaza para quienes rechazan los principios básicos de las democracia como son la libertad y la participación de la ciudadanía.

No es posible una democracia real sin una sociedad civil activa, crítica y respetada. Y en Nicaragua hoy resultan incómodas las asociaciones estudiantiles, políticas, feministas, académicas, profesionales, campesinas, empresariales…

La pluralidad y la discrepancia están en el corazón de la democracia y atacarlas es arremeter contra la democracia y la libertad por la que tanto luchó el pueblo nicaragüense.

Ortega debería repasar la historia de su país y aprender de ella, y terminar con el dolor y el sufrimiento que está causando. La convivencia debe regresar a Nicaragua y la convivencia se sustenta en el respeto a la diversidad.

Quienes militamos en la izquierda debemos decir alto y claro que el Gobierno de Ortega no representa los valores de la revolución sandinista ni de la izquierda. Sin libertad no hay políticas de izquierda. Sin libertad solo hay autoritarismo y el autoritarismo no es revolucionario, Señor Ortega.

@CarlotaMerchn

#JusticiaParaBerta

Es difícil empezar a hablar en un juicio en el que una no pensaba que le iba a tocar hablar, que es el juicio por el asesinato de mi mami, de Berta Cáceres.”

Así comienza la conmovedora intervención de Laura Zúñiga Cáceres ejerciendo su derecho de penúltima palabra representando a las víctimas en el juicio por el asesinato de su madre, la activista y premio Goldman Berta Cáceres (ver enlace). Este jueves 29 de noviembre conoceremos la sentencia.

He tenido la oportunidad de encontrarme con Laura Zúñiga en dos ocasiones, la última hace unas semanas en Honduras coincidiendo con el viaje de una delegación del Congreso al país centroamericano. En ambas ocasiones quedé impresionada por la fortaleza de esta mujer joven que acarrea una historia que no debería tener que soportar. Porque su madre debería estar viva.

Porque ser activista y defensora de los derechos humanos no puede ser un riesgo para la vida.

Y lo es en la actualidad.

Lo es en Honduras. Lo es en Colombia, en Nicaragua. El 75% de los homicidios de defensores y defensoras de derechos humanos se registran en América Latina.

Laura Zúñiga reclama justicia, que su dolor no quede impune.

El número de ataques, incluidos asesinatos, a los defensores y defensoras de derechos humanos crece cada año y la situación es particularmente crítica en América Latina.

Reclamar #JusticiaParaBerta es reclamar el fin de la impunidad para los ataques a los defensores y defensoras de derechos humanos.

La protección de quienes defienden los derechos humanos nos atañe a todos y todas, se produzcan donde se produzcan las violaciones de derechos y se encuentren donde se encuentren quienes las denuncian.

Se acerca el 70 aniversario de la aprobación de la Declaración de los Derechos Humanos que conmemoraremos el 10 de diciembre. La víspera, el día 9, se celebra el día internacional de los defensores y defensoras de derechos humanos instaurado por las Naciones Unidas en 1998.

¿Podremos homenajear a Berta y a los defensores y defensoras de derechos humanos sabiendo que no hay impunidad para quienes los asesinan?

RESILIENCIA

Hace bastantes años que escuché por primera vez la palabra resiliencia vinculada entonces a la supervivencia personal, a la capacidad de superar hechos dramáticos y desarrollar nuevas habilidades de superación y resistencia. Con el tiempo se han ido ampliando sus acepciones a prácticamente todos los ámbitos de la sociedad.

Crear sociedades resilientes, ése era el reto para los gobiernos que tenían que gestionar la crisis. Sin embargo las medidas adoptadas, y que algunos se empeñan en presentar como reformas no abordaron ni las causas ni las consecuencias.

Al contrario, las medidas se centraron en el rescate del sistema financiero instaurándose un régimen de austeridad del gasto público que en la práctica ha supuesto el empobrecimiento de las clases trabajadoras en derechos y poder adquisitivo creando la nueva clase social de trabajadores pobres, generando cifras insoportables de pobreza infantil en los otros tantos hogares en riesgo de pobreza y exclusión en el caso concreto de España.

Lejos de fortalecer las políticas públicas sociales y, con ellas a las familias y personas más vulnerables, las medidas puestas en marcha por los gobiernos del Partido Popular han consolidado la desigualdad como seña de identidad de la sociedad española.

La desigualdad es en mi opinión, junto con la cuestión territorial, el principal problema de España y al que debe dar respuesta el Gobierno del Presidente Sánchez. Restaurar el las políticas públicas del estado de bienestar, la igualdad de oportunidades entre ciudadanos y entre territorios y para ello es necesario disponer de unos Presupuestos Generales del Estado que sitúen a las personas en el centro y, especialmente, a las que se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad.

Y esos son los presupuestos que presenta el Gobierno: recuperar la ley de dependencia, la sanidad universal, revertir los recortes en educación, recursos contra la pobreza infantil, contra la violencia de género, un salario mínimo de 900€, mantener el poder adquisitivo de las pensiones, inversión en ciencia, recursos para los ayuntamientos, entre otras.

Tras siete años de sangría de los derechos que promueven la igualdad de oportunidades, de retroceso en el estado del bienestar que tanto había costado alcanzar y siempre en nombre del interés del país, esos mismos patriotas tienen el descaro de decir que estos presupuestos nos llevan a una nueva crisis.

Crisis ¿para quién? ¿Para quienes no percibieron la anterior o que forman parte del selecto grupo de enriquecidos por la crisis que ha dejado en la exclusión a miles de familias de este país?

¿Son estas las medidas que empobrecen un país? O al contrario, ¿no son éstas precisamente las medidas que sientan las bases de un país resiliente a las crisis? ¿No son éstas las medidas que pueden reducir la brecha de la desigualdad?

Estamos ante los presupuestos de la recuperación, de la recuperación justa que no deje a nadie atrás.

Con el discurso de que los PGE del Gobierno socialista van a arruinar el país las derechas están mandando un claro mensaje a la clase trabajadora de este país: queréis vivir por encima de las posibilidades que merecéis.

Ya lo escuchamos cuando el Partido Popular llegó al poder en noviembre de 2011 y conocemos su receta: si hay algo prescindible eso son las políticas públicas que promueven la igualdad de oportunidades.

Una vez más no es la economía. Como siempre, es la ideología.

@CarlotaMerchn

Y el trumpismo se hizo carne en España

El reduccionismo se ha asentado en el discurso de algunos políticos los últimos tiempos. Lo que algunos llamaron “cuñadismo” ha devenido en una frivolidad tan irresponsable como peligrosa: el trumpismo

Las ideas de Trump parecían sacadas de una mala chistera hasta que empezamos a verlas materializadas.

Farage, un tipo al que se miraba con desdén desde el establishment político, convenció con sus posteriormente confesadas mentiras a miles de británicos para votar a favor del Brexit.

Francia tuvo que movilizarse en torno a una formación política exprés para evitar el triunfo de la extrema derecha en las presidenciales de 2017.

Italia está gobernada por una alianza política que ha situado a Salvini en la Vicepresidencia con su discurso abiertamente xenófobo y que bien podríamos asimilar a un programa de Sacha Baron Cohen.

Todos tienen en común mensajes simples, de sujeto, verbo y predicado, reduccionistas, carentes de todo análisis o proyección, pero ahí están ellos y las consecuencias de sus obras.

La base del trumpismo es una visión frívola de la política y la gestión pública que reniega de los discursos sesudos y mensajes complejos de la política tradicional que ha escogido el rechazo al diferente, la xenofobia y la anti inmigración como ariete.

Nuestro país no iba a ser una excepción y el trumpismo se hizo carne en la figura de Pablo Casado.

La política de inmigración requiere precisamente un debate en las antípodas del simplismo por su naturaleza compleja.

En primer lugar estamos hablando literalmente de la vida de millones de personas. Estamos hablando de redes de tráfico de seres humanos. Estamos hablando de personas que hacen tránsitos de años desde su lugar de origen huyendo de la guerra, de la violencia, del hambre y la pobreza.

En segundo lugar, no hay millones de personas agazapadas para saltar las vallas de Ceuta y Melilla. En lo que llevamos de 2018 han llegado en torno a 21.000 personas, nada que ver con llegadas masivas.

En tercer lugar, los últimos años no se ha hecho nada por mejorar el sistema de acogida. Las políticas de migración y acogida en España y en Europa no dan respuesta a una situación que hay que gestionar y es su mala gestión lo que convierte en problema un fenómeno natural como es la migración.

Cuarto lugar, ¿por qué quienes se empecinan en hablar de ese supuesto “efecto llamada” no se han ocupado lo más mínimo del efecto huida?

Es necesario abordar los desplazamientos de las personas como una cuestión poliédrica y desde luego desde la responsabilidad, nada que ver con la corrección o incorrección política.

El derecho a emigrar de las personas y a hacerlo de manera segura no es incompatible con la seguridad de las fronteras de los países.

El derecho de los pueblos a vivir en paz, a una vida libre de miedo y hambre, el derecho a un futuro, algo inalcanzable para millones de personas en África subsahariana.

La necesidad de nuevos ciudadanos y ciudadanas, no mano de obra, en nuestras sociedades envejecidas.

Si hay un fenómeno en que ganan todas las partes, éste precisamente es la migración.

Reducir una cuestión tan compleja como la migración a abrazar a las fuerzas de seguridad y a convertir África en un mercado de temporeros retrata perfectamente el perfil de quien aspira a gobernar un día España: trumpismo puro y duro. Simpleza e irresponsabilidad a partes iguales.

Afortunadamente, la sociedad española ha demostrado sobradamente que es solidaria y humanitaria, muy lejos de discursos xenófobos. Pero no menospreciemos mensajes que deben ser refutados con datos y sobre todo con actuaciones políticas que demuestren que este país puede gestionar las llegadas a la frontera sur y hacerlo de manera respetuosa con los derechos humanos y normalidad.

@CarlotaMerchn

No, Señor Hernando. África no es nuestro patio trasero

Últimamente son muchos los momentos en que me viene a la cabeza esa viñeta de la gran filósofa Mafalda en la que pide que paren el mundo para bajarse.

Este miércoles fue uno de esos momentos cuando escuché con auténtico estupor cómo el portavoz del Partido Popular se refería a África como “nuestro patio trasero” durante el pleno sobre el Consejo Europeo en el Congreso de los Diputados.

No he visto recogido este hecho por los medios de comunicación que cubrieron el debate y que, con solo tres palabras, explica perfectamente la ideología que subyace en las políticas de refugio, de migración y de cooperación para el desarrollo del Partido Popular.

Hablar de inmigrantes en lugar de personas pone una distancia de seguridad entre ellos y nosotros. Omitir África y sustituirla por “patio trasero” pone distancia entre nuestro país, “un Estado como es debido”, y los países africanos.

El lenguaje no es neutro y cuanta mayor sea la distancia física y humana entre ellos y nosotros menos dolerán medidas como las que proponen gobiernos de principios que están en las antípodas de los que construyeron el proyecto europeo y desde luego de los míos.

Durante décadas América Latina fue el patio trasero de los Estados Unidos y desde esa óptica diversas administraciones actuaron de parte en países de la región, consideraban que estaban en su derecho.

Considerar que África es el patio trasero de España o de Europa respalda la idea de crear en la rivera pobre del Mediterráneo centros de detención de inmigrantes que quieren cruzar a la orilla rica.

Considerar que África está compuesta por Estados soberanos en los que viven seres humanos que por causas diferentes y comunes huyen hacia Europa o que hay Estados en los que no hay garantía de que se respeten los derechos de las personas que transiten por ellos implica empatía, respeto y responsabilidad.

Actualmente parece que el mundo solo tenga un problema, las migraciones. Los desplazamientos de población copan todos los titulares de los medios de comunicación y las agendas políticas. Pero una vez más errando en el foco.

El debate migratorio centra su discurso en las sociedades de acogida, en la seguridad de las mismas obviando precisamente las causas que hacen que millones de personas, no las miles que llegan a Europa, millones de personas migran anualmente en todo el mundo y particularmente entre países en desarrollo.

Este enfoque eurocentrista alimenta el perverso binomio migración-seguridad, el relato de que en nuestro club privilegiado estamos recibiendo a todos los migrantes del mundo, cuando al contrario, apenas llega una pequeña parte de quienes se desplazan. Son los países en desarrollo los que acogen mayor número de migrantes y personas refugiadas.

Resulta más que paradójico que gobiernos de países que hace pocas décadas anhelaban el calor de la Unión Europea, hoy, ya dentro, quieran convertirla en una fortaleza que les ponga a resguardo de quienes piden hoy nuestra protección de derechos y bienestar.

Llevamos tiempo asistiendo a un debate peligroso que algunos se empeñan en conducir a las dicotomías Europa o migración, derechos humanos o seguridad de nuestras fronteras. Sería una paradoja cruel que precisamente fuera la xenofobia la que ponga en jaque el proyecto europeo.

Europa no puede construir su proyecto de futuro como una fortaleza. El acuerdo sobre migración alcanzado en el Consejo Europeo no es que hubiera reforzado el enfoque europeo como creo que debería haber hecho, se queda lejos aunque no claudica a las peticiones de quienes pretenden externalizar definitivamente la gestión de la migración. Aún así, en la práctica supone el reconocimiento de una Europa de dos velocidades, una solidaridad de carácter voluntario que inquieta.

Donald Trump llegó a la Presidencia de Estados Unidos con el mantra de Estados Unidos y los estadounidenses primero e intranquiliza mucho escuchar ese mismo discurso en la Europa del Nobel de la paz, de los valores de libertad, igualdad y solidaridad.

Afortunadamente el actual Gobierno de España ha asumido su responsabilidad en la Unión Europea como país mediterráneo y frontera sur de Europa que no puede permanecer impasible ante la tragedia de miles de seres humanos que huyen del hambre, de la guerra, del terror de una vida sin futuro.

E insisto, ocupémonos del efecto huida.

@CarlotaMerchn

El Gobierno de España no mira hacia otro lado

Para el Gobierno del Presidente Sánchez mirar hacia otro lado no es una opción. No podemos hablar de ser un gran país, de recuperación y sensibilidad social y al mismo tiempo negar la acogida a quienes nos necesitan. Es mucho más que un gesto. Es el compromiso de un gobierno decente y para el que la solidaridad internacional es una prioridad.

Nos levantábamos esta mañana con el corazón encogido de impotencia al saber que un barco con 629 personas a bordo más la tripulación navegaba por el mar Mediterráneo sin encontrar un puerto donde atracar.

La respuesta ha venido del nuevo Gobierno de España, el Gobierno socialista que ha tomado una decisión valiente y responsable, ofrecerse para acoger a estas 629 personas.

La historia ha querido que coincidan en el tiempo dos nuevos gobiernos, el de Italia y el de España. El primero abandona a su suerte a quienes huyen de la pobreza y el terror jugándose la vida y son acogidos por el segundo.

El Ministro del interior del gobierno de Italia se jacta de la actitud xenófoba mientras que el Gobierno de España coordina una respuesta humanitaria de emergencia y anuncia el fin de las expulsiones exprés.

Sin duda, el Gobierno socialista del Presidente Sánchez es una buena noticia también para Europa y para el mundo.

@CarlotaMerchn

Aquarius

A estas horas un barco con 629 personas a bordo más la tripulación navega por el mar Mediterráneo sin encontrar un puerto donde atracar. No sabemos si hay personas enfermas a bordo, pero sí que más de 100 son niños y niñas y que hay mujeres embarazadas. No sabemos si hay alimentos, agua o medicamentos suficientes ni para cuánto tiempo. Porque, ¿qué va a pasar con el Aquarius?

En la Europea de 2018 se cierran puertos mientras las ONG, asumiendo el riesgo de ser criminalizadas, salvan vidas con sus recursos económicos, técnicos y humanos.

Europa no puede permitir que 629 personas vaguen por el Mediterráneo sin saber dónde, ni hasta cuánto. ¿Las vamos a dejar morir? ¿Las vamos a mandar de vuelta a Libia para que allí les pase no sabemos qué?

Va a empezar el verano y con él aumentarán las llegadas, ¿qué vamos a hacer? La vida de las personas no puede depender de la improvisación de los Gobiernos europeos.

No es admisible lo que está sucediendo y pone de manifiesto que algo está mal. Que algo no funciona y a lo que hay que poner remedio.

En lo inmediato, la obligación de acoger a las personas náufragas tal y como obliga el derecho internacional. Abandonar a su suerte a estas 629 personas, además de colocar contra las cuerdas nuestra moral va en contra del derecho internacional.

En lo urgente, Europa no puede mirar hacia otro lado. Los europeos y las europeas no podemos mirar hacia otro lado ante el drama de miles de personas que cruzan nuestro mar en busca de un futuro en paz y con oportunidades. Necesitamos una política migratoria europea, común, solidaria y asentada en los derechos humanos.

Somos la frontera más desigual del mundo y en el fututo cercano seremos una isla demográfica. África concentrará el 40% de los niños y niñas del mundo frente a una Europa despoblada y envejecida. Niños y niñas que, si no se remedia, seguramente no encuentren las oportunidades y derechos que merecen.

Necesitamos una política migratoria que reduzca al máximo el riesgo para la vida, que habilite vías legales y seguras de manera que el futuro de miles de personas no dependa de organizaciones mafiosas que se aprovechan de la necesidad de quienes migran y de la ausencia de medios legales para hacerlo. La mejor manera de terminar con el negocio de las mafias es una sólida política migratoria y de asilo.

Llevo mucho tiempo reclamando un diálogo profundo y honesto sobre la migración, sobre la gestión de los desplazamientos de huyendo de todas las demagogias. Las migraciones se gestionan, no se controlan, y debemos encontrar con nuestros socios europeos y los países de origen y de tránsito la mejor manera de gestionar estos desplazamientos humanos. Diseñar de manera conjunta una política que atienda las necesidades de migrantes económicos y demandantes de asilo y protección de manera diferenciada sin ser ajenos a las realidades de los países de acogida. Insisto, un diálogo honesto, urgente y sereno.

No más Aquarius. No más criminalización de quienes salvan vidas. Sí a una política migratoria común y solidaria.

@CarlotaMerchn

Y el cambio llegó con él

Ayer comenzó un nuevo ciclo en la política española, el que debía haberse iniciado la primavera de 2016. Hay muchas expectativas, muchas esperanzas puestas en el Gobierno del Presidente Sánchez, en la forma de gobernar y hacer política.

Hemos visto el primer gesto: el Presidente Sánchez ha sido el primero en prometer su cargo en ausencia de símbolos religiosos. Un gesto necesario para reafirmar que nuestro país debe ser una democracia laica.

No va a ser fácil, no nos lo van a poner fácil. Tenemos que estar preparados porque los agoreros utilizarán todos los medios que tengan a su alcance para desprestigiar y tratar de deslegitimar el nuevo Gobierno.

Tenía 9 años cuando Alfonso Guerra pronunció su famosa frase: “A España no la va a conocer ni la madre que la parió”. Efectivamente España cambió, se modernizó. Llegaron los derechos de ciudadanía, la sanidad y la educación universal, el divorcio, el aborto, el matrimonio igualitario, la ley de igualdad, la ley contra la violencia de género…

Sin embargo, hay algo que no ha cambiado, lo mal que lleva la derecha no gobernar, estar fuera del poder.

Con cuernos y rabo, traedores de las siete plagas de Egipto, así presentan a la ciudadanía a los presidentes socialistas. A todos.

Y Pedro Sánchez no iba a ser una excepción. Al contrario. La animadversión del Partido Popular por el ya Presidente del Gobierno nace desde el momento en el que éste saltó a la arena política nacional y se ha ido inoculando allí donde los tentáculos conservadores pueden llegar.

Lo grave no es que el Presidente Sánchez no les guste. Es legítimo. Lo realmente grave es que lo que subyace es su concepción patrimonial del poder en este país. “Por la gracia de Dios” rezaba en las antiguas pesetas.

El Partido Popular considera los gobiernos socialistas como accidentes en el continuum que debería ser los gobiernos de España, gobiernos como Dios manda. En realidad, les da igual Pedro, que Felipe que José Luis. Lo que les cuesta aceptar es que otras formas de gobernar, otras prioridades políticas son posibles. Les cuesta digerir las políticas de izquierdas.

Sacar a la palestra el desfile de miedos y fantasmas del desempleo, la inestabilidad, el derroche, la ruptura de España, la rendición a los terroristas, el caos no hace sino confirmar lo que se les atraganta a algunos la democracia.

Porque eso es lo que ganó ayer en el Congreso de los Diputados. La democracia.

La moción de censura presentada por el Grupo Parlamentario Socialista triunfó gracias al Partido Popular. Son ellos los responsables de no asumir responsabilidades tras la gravísima sentencia del juicio por la primera pieza de la trama Gürtel.

Después de dos días de debate siguen empeñados en no reconocer que lo que ha hecho posible la unión de opciones políticas antagónicas ha sido la necesidad de regenerar las instituciones, de recuperar su valor y la honestidad de quienes están al frente de ellas.

Ése es el principal reto que tendrá el nuevo Gobierno, restablecer la normalidad democrática e institucional. Recuperar el clima político de dialogo y convivencia que nunca debió desaparecer de nuestras instituciones y cuya ausencia tantos problemas y tanto dolor ha causado.

Entre todos lo podemos hacer. Estoy convencida de que lo vamos a hacer bien. Millones de personas en España y fuera de España necesitan el cambio.

@CarlotaMerchn

La importancia de censurar

La sentencia del caso Gürtel publicada el pasado jueves 24 de mayo coloca al Partido Popular y al Gobierno contra las cuerdas y al país en un escenario sin precedentes.

El PP dejó claro desde el primer momento que no está en su ánimo pedir disculpas, cuando mucho menos renunciar o dimitir, por lo que nos toca a los demás mover ficha para salvar lo que ellos han vilipendiado, la dignidad de nuestras instituciones y por ende de nuestra democracia. Y lo hemos hecho. Sin otro cálculo que la responsabilidad con la dignidad de este país.

Perdida su oportunidad de contrición tras conocer la sentencia no es suficiente con pedir elecciones, es necesario el ejercicio de censurar, de reprobar políticamente lo que ya ha condenado la justicia. Ahí radica la importancia y el valor de la moción presentada por el Grupo Parlamentario Socialista y que he tenido el honor de firmar.

La vida nos pone a todos ante situaciones en las que debemos demostrar si estamos a la altura y la moción de censura presentada por el PSOE es una de ellas. No se me ocurre mayor muestra de responsabilidad democrática en este momento que sacar al Partido Popular del Gobierno de España.

Nuestra democracia es parlamentaria y el Presidente del Gobierno lo es por haber conseguido la confianza de la mayoría del Parlamento. Que esa misma cámara le repruebe y censure tiene un enorme valor político y democrático.

Los 350 representantes de la soberanía nacional debemos elegir entre apoyar o censurar que el líder del partido que tiene sobre sus espaldas la sentencia del jueves 24 de mayo continúe gobernado este país. Solo hay opciones, apoyar o censurar.

Albert Rivera decía hace unos meses que España no merecía un Presidente que tapara la corrupción. Tiene la oportunidad de decírselo con su voto en la moción de censura por la dignidad. No hay excusas, lo demás son cálculos de parte y no de defensa de los intereses generales.

España es un país decente, de trabajadores y trabajadoras que lo sacan adelante con su esfuerzo diario y que necesitan instituciones y gobernantes de los que, al menos, puedan pensar que son tan decentes como ellos.

@CarlotaMerchn

#CondenadosASalvarVidas

Este lunes 7 de mayo tres bomberos sevillanos voluntarios de la ONG PROEM-AID, Manuel Blanco, Quique Rodríguez y Julio Latorre se enfrentan a un juicio en Lesbos acusados de promover el tráfico de personas para lo que se les pide una pena de 10 años de cárcel.

Manuel, Quique y Julio fueron a Lesbos a salvar vidas. Sus conciencias se rebelaron ante el sufrimiento de las miles de personas que llegaban a las costas de Grecia huyendo de la guerra en Siria y decidieron poner lo mejor de ellos mismos para que llegaran vivas a las costas europeas.

Ése es su delito, sentir el dolor ajeno como propio y hacer lo que toda persona y Estado de bien debería hacer, no dejar morir a otro ser humano. Nada más ni nada menos que salvar vidas.

Sin embargo, los últimos tiempos estamos asistiendo a un discurso de criminalización de las organizaciones humanitarias -no olvidemos el proceso en Italia contra Open Arms- que no es nada casual. Aún resuenan en nuestros oídos las declaraciones del Ministro Zoido en las que decía que las ONG favorecían la inmigración irregular, declaraciones que tuvo que rectificar.

Quienes navegan en las aguas del Mediterráneo no solo rescatan personas sino que son observadores de lo que allí pasa, o no pasa. Como sucede en todos los contextos de crisis, las ONG son testigos no siempre cómodos, o no para todos.

No insistiré hoy en la necesidad de que los Estados se tomen realmente en serio la movilidad humana mediante vías legales y seguras y de manera especial la garantía del derecho de protección. No abundaré hoy en el fracaso de la Unión Europea en su política de acogida.

Hoy urge trasladar el apoyo y la solidaridad a Manuel, Quique y Julio que lo único que han hecho, es lo más grandioso que un ser humano puede hacer por un igual, salvar su vida y eso no puede ser delito.

#SalvarVidasNoEsDelito

@CarlotaMerchn