Y el trumpismo se hizo carne en España

El reduccionismo se ha asentado en el discurso de algunos políticos los últimos tiempos. Lo que algunos llamaron “cuñadismo” ha devenido en una frivolidad tan irresponsable como peligrosa: el trumpismo

Las ideas de Trump parecían sacadas de una mala chistera hasta que empezamos a verlas materializadas.

Farage, un tipo al que se miraba con desdén desde el establishment político, convenció con sus posteriormente confesadas mentiras a miles de británicos para votar a favor del Brexit.

Francia tuvo que movilizarse en torno a una formación política exprés para evitar el triunfo de la extrema derecha en las presidenciales de 2017.

Italia está gobernada por una alianza política que ha situado a Salvini en la Vicepresidencia con su discurso abiertamente xenófobo y que bien podríamos asimilar a un programa de Sacha Baron Cohen.

Todos tienen en común mensajes simples, de sujeto, verbo y predicado, reduccionistas, carentes de todo análisis o proyección, pero ahí están ellos y las consecuencias de sus obras.

La base del trumpismo es una visión frívola de la política y la gestión pública que reniega de los discursos sesudos y mensajes complejos de la política tradicional que ha escogido el rechazo al diferente, la xenofobia y la anti inmigración como ariete.

Nuestro país no iba a ser una excepción y el trumpismo se hizo carne en la figura de Pablo Casado.

La política de inmigración requiere precisamente un debate en las antípodas del simplismo por su naturaleza compleja.

En primer lugar estamos hablando literalmente de la vida de millones de personas. Estamos hablando de redes de tráfico de seres humanos. Estamos hablando de personas que hacen tránsitos de años desde su lugar de origen huyendo de la guerra, de la violencia, del hambre y la pobreza.

En segundo lugar, no hay millones de personas agazapadas para saltar las vallas de Ceuta y Melilla. En lo que llevamos de 2018 han llegado en torno a 21.000 personas, nada que ver con llegadas masivas.

En tercer lugar, los últimos años no se ha hecho nada por mejorar el sistema de acogida. Las políticas de migración y acogida en España y en Europa no dan respuesta a una situación que hay que gestionar y es su mala gestión lo que convierte en problema un fenómeno natural como es la migración.

Cuarto lugar, ¿por qué quienes se empecinan en hablar de ese supuesto “efecto llamada” no se han ocupado lo más mínimo del efecto huida?

Es necesario abordar los desplazamientos de las personas como una cuestión poliédrica y desde luego desde la responsabilidad, nada que ver con la corrección o incorrección política.

El derecho a emigrar de las personas y a hacerlo de manera segura no es incompatible con la seguridad de las fronteras de los países.

El derecho de los pueblos a vivir en paz, a una vida libre de miedo y hambre, el derecho a un futuro, algo inalcanzable para millones de personas en África subsahariana.

La necesidad de nuevos ciudadanos y ciudadanas, no mano de obra, en nuestras sociedades envejecidas.

Si hay un fenómeno en que ganan todas las partes, éste precisamente es la migración.

Reducir una cuestión tan compleja como la migración a abrazar a las fuerzas de seguridad y a convertir África en un mercado de temporeros retrata perfectamente el perfil de quien aspira a gobernar un día España: trumpismo puro y duro. Simpleza e irresponsabilidad a partes iguales.

Afortunadamente, la sociedad española ha demostrado sobradamente que es solidaria y humanitaria, muy lejos de discursos xenófobos. Pero no menospreciemos mensajes que deben ser refutados con datos y sobre todo con actuaciones políticas que demuestren que este país puede gestionar las llegadas a la frontera sur y hacerlo de manera respetuosa con los derechos humanos y normalidad.

@CarlotaMerchn

No, Señor Hernando. África no es nuestro patio trasero

Últimamente son muchos los momentos en que me viene a la cabeza esa viñeta de la gran filósofa Mafalda en la que pide que paren el mundo para bajarse.

Este miércoles fue uno de esos momentos cuando escuché con auténtico estupor cómo el portavoz del Partido Popular se refería a África como “nuestro patio trasero” durante el pleno sobre el Consejo Europeo en el Congreso de los Diputados.

No he visto recogido este hecho por los medios de comunicación que cubrieron el debate y que, con solo tres palabras, explica perfectamente la ideología que subyace en las políticas de refugio, de migración y de cooperación para el desarrollo del Partido Popular.

Hablar de inmigrantes en lugar de personas pone una distancia de seguridad entre ellos y nosotros. Omitir África y sustituirla por “patio trasero” pone distancia entre nuestro país, “un Estado como es debido”, y los países africanos.

El lenguaje no es neutro y cuanta mayor sea la distancia física y humana entre ellos y nosotros menos dolerán medidas como las que proponen gobiernos de principios que están en las antípodas de los que construyeron el proyecto europeo y desde luego de los míos.

Durante décadas América Latina fue el patio trasero de los Estados Unidos y desde esa óptica diversas administraciones actuaron de parte en países de la región, consideraban que estaban en su derecho.

Considerar que África es el patio trasero de España o de Europa respalda la idea de crear en la rivera pobre del Mediterráneo centros de detención de inmigrantes que quieren cruzar a la orilla rica.

Considerar que África está compuesta por Estados soberanos en los que viven seres humanos que por causas diferentes y comunes huyen hacia Europa o que hay Estados en los que no hay garantía de que se respeten los derechos de las personas que transiten por ellos implica empatía, respeto y responsabilidad.

Actualmente parece que el mundo solo tenga un problema, las migraciones. Los desplazamientos de población copan todos los titulares de los medios de comunicación y las agendas políticas. Pero una vez más errando en el foco.

El debate migratorio centra su discurso en las sociedades de acogida, en la seguridad de las mismas obviando precisamente las causas que hacen que millones de personas, no las miles que llegan a Europa, millones de personas migran anualmente en todo el mundo y particularmente entre países en desarrollo.

Este enfoque eurocentrista alimenta el perverso binomio migración-seguridad, el relato de que en nuestro club privilegiado estamos recibiendo a todos los migrantes del mundo, cuando al contrario, apenas llega una pequeña parte de quienes se desplazan. Son los países en desarrollo los que acogen mayor número de migrantes y personas refugiadas.

Resulta más que paradójico que gobiernos de países que hace pocas décadas anhelaban el calor de la Unión Europea, hoy, ya dentro, quieran convertirla en una fortaleza que les ponga a resguardo de quienes piden hoy nuestra protección de derechos y bienestar.

Llevamos tiempo asistiendo a un debate peligroso que algunos se empeñan en conducir a las dicotomías Europa o migración, derechos humanos o seguridad de nuestras fronteras. Sería una paradoja cruel que precisamente fuera la xenofobia la que ponga en jaque el proyecto europeo.

Europa no puede construir su proyecto de futuro como una fortaleza. El acuerdo sobre migración alcanzado en el Consejo Europeo no es que hubiera reforzado el enfoque europeo como creo que debería haber hecho, se queda lejos aunque no claudica a las peticiones de quienes pretenden externalizar definitivamente la gestión de la migración. Aún así, en la práctica supone el reconocimiento de una Europa de dos velocidades, una solidaridad de carácter voluntario que inquieta.

Donald Trump llegó a la Presidencia de Estados Unidos con el mantra de Estados Unidos y los estadounidenses primero e intranquiliza mucho escuchar ese mismo discurso en la Europa del Nobel de la paz, de los valores de libertad, igualdad y solidaridad.

Afortunadamente el actual Gobierno de España ha asumido su responsabilidad en la Unión Europea como país mediterráneo y frontera sur de Europa que no puede permanecer impasible ante la tragedia de miles de seres humanos que huyen del hambre, de la guerra, del terror de una vida sin futuro.

E insisto, ocupémonos del efecto huida.

@CarlotaMerchn

El Gobierno de España no mira hacia otro lado

Para el Gobierno del Presidente Sánchez mirar hacia otro lado no es una opción. No podemos hablar de ser un gran país, de recuperación y sensibilidad social y al mismo tiempo negar la acogida a quienes nos necesitan. Es mucho más que un gesto. Es el compromiso de un gobierno decente y para el que la solidaridad internacional es una prioridad.

Nos levantábamos esta mañana con el corazón encogido de impotencia al saber que un barco con 629 personas a bordo más la tripulación navegaba por el mar Mediterráneo sin encontrar un puerto donde atracar.

La respuesta ha venido del nuevo Gobierno de España, el Gobierno socialista que ha tomado una decisión valiente y responsable, ofrecerse para acoger a estas 629 personas.

La historia ha querido que coincidan en el tiempo dos nuevos gobiernos, el de Italia y el de España. El primero abandona a su suerte a quienes huyen de la pobreza y el terror jugándose la vida y son acogidos por el segundo.

El Ministro del interior del gobierno de Italia se jacta de la actitud xenófoba mientras que el Gobierno de España coordina una respuesta humanitaria de emergencia y anuncia el fin de las expulsiones exprés.

Sin duda, el Gobierno socialista del Presidente Sánchez es una buena noticia también para Europa y para el mundo.

@CarlotaMerchn

Aquarius

A estas horas un barco con 629 personas a bordo más la tripulación navega por el mar Mediterráneo sin encontrar un puerto donde atracar. No sabemos si hay personas enfermas a bordo, pero sí que más de 100 son niños y niñas y que hay mujeres embarazadas. No sabemos si hay alimentos, agua o medicamentos suficientes ni para cuánto tiempo. Porque, ¿qué va a pasar con el Aquarius?

En la Europea de 2018 se cierran puertos mientras las ONG, asumiendo el riesgo de ser criminalizadas, salvan vidas con sus recursos económicos, técnicos y humanos.

Europa no puede permitir que 629 personas vaguen por el Mediterráneo sin saber dónde, ni hasta cuánto. ¿Las vamos a dejar morir? ¿Las vamos a mandar de vuelta a Libia para que allí les pase no sabemos qué?

Va a empezar el verano y con él aumentarán las llegadas, ¿qué vamos a hacer? La vida de las personas no puede depender de la improvisación de los Gobiernos europeos.

No es admisible lo que está sucediendo y pone de manifiesto que algo está mal. Que algo no funciona y a lo que hay que poner remedio.

En lo inmediato, la obligación de acoger a las personas náufragas tal y como obliga el derecho internacional. Abandonar a su suerte a estas 629 personas, además de colocar contra las cuerdas nuestra moral va en contra del derecho internacional.

En lo urgente, Europa no puede mirar hacia otro lado. Los europeos y las europeas no podemos mirar hacia otro lado ante el drama de miles de personas que cruzan nuestro mar en busca de un futuro en paz y con oportunidades. Necesitamos una política migratoria europea, común, solidaria y asentada en los derechos humanos.

Somos la frontera más desigual del mundo y en el fututo cercano seremos una isla demográfica. África concentrará el 40% de los niños y niñas del mundo frente a una Europa despoblada y envejecida. Niños y niñas que, si no se remedia, seguramente no encuentren las oportunidades y derechos que merecen.

Necesitamos una política migratoria que reduzca al máximo el riesgo para la vida, que habilite vías legales y seguras de manera que el futuro de miles de personas no dependa de organizaciones mafiosas que se aprovechan de la necesidad de quienes migran y de la ausencia de medios legales para hacerlo. La mejor manera de terminar con el negocio de las mafias es una sólida política migratoria y de asilo.

Llevo mucho tiempo reclamando un diálogo profundo y honesto sobre la migración, sobre la gestión de los desplazamientos de huyendo de todas las demagogias. Las migraciones se gestionan, no se controlan, y debemos encontrar con nuestros socios europeos y los países de origen y de tránsito la mejor manera de gestionar estos desplazamientos humanos. Diseñar de manera conjunta una política que atienda las necesidades de migrantes económicos y demandantes de asilo y protección de manera diferenciada sin ser ajenos a las realidades de los países de acogida. Insisto, un diálogo honesto, urgente y sereno.

No más Aquarius. No más criminalización de quienes salvan vidas. Sí a una política migratoria común y solidaria.

@CarlotaMerchn

Y el cambio llegó con él

Ayer comenzó un nuevo ciclo en la política española, el que debía haberse iniciado la primavera de 2016. Hay muchas expectativas, muchas esperanzas puestas en el Gobierno del Presidente Sánchez, en la forma de gobernar y hacer política.

Hemos visto el primer gesto: el Presidente Sánchez ha sido el primero en prometer su cargo en ausencia de símbolos religiosos. Un gesto necesario para reafirmar que nuestro país debe ser una democracia laica.

No va a ser fácil, no nos lo van a poner fácil. Tenemos que estar preparados porque los agoreros utilizarán todos los medios que tengan a su alcance para desprestigiar y tratar de deslegitimar el nuevo Gobierno.

Tenía 9 años cuando Alfonso Guerra pronunció su famosa frase: “A España no la va a conocer ni la madre que la parió”. Efectivamente España cambió, se modernizó. Llegaron los derechos de ciudadanía, la sanidad y la educación universal, el divorcio, el aborto, el matrimonio igualitario, la ley de igualdad, la ley contra la violencia de género…

Sin embargo, hay algo que no ha cambiado, lo mal que lleva la derecha no gobernar, estar fuera del poder.

Con cuernos y rabo, traedores de las siete plagas de Egipto, así presentan a la ciudadanía a los presidentes socialistas. A todos.

Y Pedro Sánchez no iba a ser una excepción. Al contrario. La animadversión del Partido Popular por el ya Presidente del Gobierno nace desde el momento en el que éste saltó a la arena política nacional y se ha ido inoculando allí donde los tentáculos conservadores pueden llegar.

Lo grave no es que el Presidente Sánchez no les guste. Es legítimo. Lo realmente grave es que lo que subyace es su concepción patrimonial del poder en este país. “Por la gracia de Dios” rezaba en las antiguas pesetas.

El Partido Popular considera los gobiernos socialistas como accidentes en el continuum que debería ser los gobiernos de España, gobiernos como Dios manda. En realidad, les da igual Pedro, que Felipe que José Luis. Lo que les cuesta aceptar es que otras formas de gobernar, otras prioridades políticas son posibles. Les cuesta digerir las políticas de izquierdas.

Sacar a la palestra el desfile de miedos y fantasmas del desempleo, la inestabilidad, el derroche, la ruptura de España, la rendición a los terroristas, el caos no hace sino confirmar lo que se les atraganta a algunos la democracia.

Porque eso es lo que ganó ayer en el Congreso de los Diputados. La democracia.

La moción de censura presentada por el Grupo Parlamentario Socialista triunfó gracias al Partido Popular. Son ellos los responsables de no asumir responsabilidades tras la gravísima sentencia del juicio por la primera pieza de la trama Gürtel.

Después de dos días de debate siguen empeñados en no reconocer que lo que ha hecho posible la unión de opciones políticas antagónicas ha sido la necesidad de regenerar las instituciones, de recuperar su valor y la honestidad de quienes están al frente de ellas.

Ése es el principal reto que tendrá el nuevo Gobierno, restablecer la normalidad democrática e institucional. Recuperar el clima político de dialogo y convivencia que nunca debió desaparecer de nuestras instituciones y cuya ausencia tantos problemas y tanto dolor ha causado.

Entre todos lo podemos hacer. Estoy convencida de que lo vamos a hacer bien. Millones de personas en España y fuera de España necesitan el cambio.

@CarlotaMerchn

La importancia de censurar

La sentencia del caso Gürtel publicada el pasado jueves 24 de mayo coloca al Partido Popular y al Gobierno contra las cuerdas y al país en un escenario sin precedentes.

El PP dejó claro desde el primer momento que no está en su ánimo pedir disculpas, cuando mucho menos renunciar o dimitir, por lo que nos toca a los demás mover ficha para salvar lo que ellos han vilipendiado, la dignidad de nuestras instituciones y por ende de nuestra democracia. Y lo hemos hecho. Sin otro cálculo que la responsabilidad con la dignidad de este país.

Perdida su oportunidad de contrición tras conocer la sentencia no es suficiente con pedir elecciones, es necesario el ejercicio de censurar, de reprobar políticamente lo que ya ha condenado la justicia. Ahí radica la importancia y el valor de la moción presentada por el Grupo Parlamentario Socialista y que he tenido el honor de firmar.

La vida nos pone a todos ante situaciones en las que debemos demostrar si estamos a la altura y la moción de censura presentada por el PSOE es una de ellas. No se me ocurre mayor muestra de responsabilidad democrática en este momento que sacar al Partido Popular del Gobierno de España.

Nuestra democracia es parlamentaria y el Presidente del Gobierno lo es por haber conseguido la confianza de la mayoría del Parlamento. Que esa misma cámara le repruebe y censure tiene un enorme valor político y democrático.

Los 350 representantes de la soberanía nacional debemos elegir entre apoyar o censurar que el líder del partido que tiene sobre sus espaldas la sentencia del jueves 24 de mayo continúe gobernado este país. Solo hay opciones, apoyar o censurar.

Albert Rivera decía hace unos meses que España no merecía un Presidente que tapara la corrupción. Tiene la oportunidad de decírselo con su voto en la moción de censura por la dignidad. No hay excusas, lo demás son cálculos de parte y no de defensa de los intereses generales.

España es un país decente, de trabajadores y trabajadoras que lo sacan adelante con su esfuerzo diario y que necesitan instituciones y gobernantes de los que, al menos, puedan pensar que son tan decentes como ellos.

@CarlotaMerchn

#CondenadosASalvarVidas

Este lunes 7 de mayo tres bomberos sevillanos voluntarios de la ONG PROEM-AID, Manuel Blanco, Quique Rodríguez y Julio Latorre se enfrentan a un juicio en Lesbos acusados de promover el tráfico de personas para lo que se les pide una pena de 10 años de cárcel.

Manuel, Quique y Julio fueron a Lesbos a salvar vidas. Sus conciencias se rebelaron ante el sufrimiento de las miles de personas que llegaban a las costas de Grecia huyendo de la guerra en Siria y decidieron poner lo mejor de ellos mismos para que llegaran vivas a las costas europeas.

Ése es su delito, sentir el dolor ajeno como propio y hacer lo que toda persona y Estado de bien debería hacer, no dejar morir a otro ser humano. Nada más ni nada menos que salvar vidas.

Sin embargo, los últimos tiempos estamos asistiendo a un discurso de criminalización de las organizaciones humanitarias -no olvidemos el proceso en Italia contra Open Arms- que no es nada casual. Aún resuenan en nuestros oídos las declaraciones del Ministro Zoido en las que decía que las ONG favorecían la inmigración irregular, declaraciones que tuvo que rectificar.

Quienes navegan en las aguas del Mediterráneo no solo rescatan personas sino que son observadores de lo que allí pasa, o no pasa. Como sucede en todos los contextos de crisis, las ONG son testigos no siempre cómodos, o no para todos.

No insistiré hoy en la necesidad de que los Estados se tomen realmente en serio la movilidad humana mediante vías legales y seguras y de manera especial la garantía del derecho de protección. No abundaré hoy en el fracaso de la Unión Europea en su política de acogida.

Hoy urge trasladar el apoyo y la solidaridad a Manuel, Quique y Julio que lo único que han hecho, es lo más grandioso que un ser humano puede hacer por un igual, salvar su vida y eso no puede ser delito.

#SalvarVidasNoEsDelito

@CarlotaMerchn

Nkosi sikelel’ iafrika (Dios bendiga a África)

Nkosi sikelel’ iafrika

Mozambique era de alguna manera una de mis asignaturas pendientes. Un país referencia para la Cooperación Española. Quisiera agradecer el trabajo a las ONGD y personal de AECID que desempeñan una gran labor en este país siendo nuestra mejor marca España.

El Congreso me ha regalado la posibilidad de visitar Mozambique formando parte de una delegación amplia con representantes de todos los grupos de la cámara.

No creo equivocarme si digo que quienes hemos compartido estos días en Mozambique, cada cual a su manera, no regresamos igual que antes del viaje.

En mi caso, ha sido un viaje de esos que te remueven por dentro, que te ponen las emociones y los sentimientos en una especie de montaña rusa. La certeza de saber cuál es tu lugar en el mundo.

Una dosis de refuerzo de compromiso con la cooperación para la construcción de un mundo más justo, por la igualdad de oportunidades desde la corresponsabilidad.

Nadie elige nacer en uno de los países más pobres del mundo pero nosotros sí podemos elegir poner lo que esté en nuestras manos para que el hecho más azaroso de la vida de una persona no sea una condena.

África ejerce un poder extraordinario sobre mí. Sus gentes, sus colores, su historia, mi historia, África.

África no es un país pero es cierto que los países de África subsahariana comparten elementos comunes que, al menos de partida, han condicionado y condicionan su desarrollo. No en vano los países más pobres del mundo son mayoritariamente africanos.

Recursos naturales, pero cuyos beneficios de explotación alimentan cuentas bancarias en países no africanos (para no señalar) mientras la población apenas tiene acceso a la energía, un desarrollo que no industrializa o carece de valor añadido, jóvenes en desempleo y con pocas expectativas de futuro, desnutrición y mortalidad infantil, la salud como privilegio en lugar de cómo derecho y violencia en manifestaciones múltiples…

Suelo afirmar que quienes nos hemos dedicado a la cooperación o “somos cooperación” llevamos el optimismo de serie. Y no porque seamos ilusos, al contrario, es el pragmatismo y la confianza en que se pueden transformar las realidades lo que nos mueve.

Mozambique no está condenado irremediablemente a la pobreza. No es posible que sea así cuando hay consenso en las necesidades, potencial y oportunidades que tiene el país. Mozambique cuenta con recursos y capacidades para salir de la pobreza. Faltan políticas (politics) y políticos (politicians) que trabajen firmemente para que esto suceda. Allí y aquí.

@CarlotaMerchn

El fuego no purifica

La publicación de casos de abusos sexuales cometidos por personal de ONG en diferentes contextos humanitarios ha causado una crisis en buena parte lógica y esperada teniendo en cuenta los delitos y que han sido realizados por uno de los colectivos mejor valorados por la ciudadanía.

Nadie espera que quien es bandera de los derechos humanos, del humanitarismo cometa las barbaridades de las que hemos tenido conocimiento. Toda aquella persona que cometa un delito debe ser puesta a disposición de la justicia pertenezca al colectivo que pertenezca. Y pocos delitos se me ocurren más deleznables que los abusos sexuales máxime en contextos humanitarios en los que confluyen las mayores miserias de las que la humanidad podemos ser testigo.

Dicho esto, someter al escarnio público a un sector que cada día salva miles de vidas, que hace posible que los olvidados de la tierra puedan tener alimentación, educación, cobijo, acceso a la salud, sueños y esperanzas, no solo es injusto sino que también es mezquino.

Las ONG son el canal de la solidaridad de una ciudadanía comprometida con la vida de quienes más sufren. Las ONG y los trabajadores y trabajadoras humanitarios tienen todo mi reconocimiento y apoyo.

Dilapidar el trabajo que organizaciones llevan realizando durante más de medio siglo simplemente no es justo.

No estigmaticemos un sector, no estigmaticemos un colectivo y una labor. No caigamos en algo tan burdo como antiguo, en juzgar al conjunto de justos por unos pecadores.

Todos los ámbitos de la sociedad debemos establecer férreos mecanismos de prevención de comportamientos delictivos. Pero enviar a la hoguera a las ONG buscando su purificación ni es justo ni es sensato.

El fuego no purifica, el fuego quema y destruye. Y por donde pasa la vida tarda en regresar.

Gracias, Manuel Marín

No puedo evitar cierto sentimiento de orfandad tras la muerte de un político de la talla de Manuel Marín.

Con él se va uno de los grandes referentes de la política española y europea. Uno de esos políticos que concebían la política como el espacio de la palabra y el diálogo para alcanzar el bien común.

Manuel Marín nos enseñó a creer en nosotros mismos como proyecto colectivo por encima de las legítimas discrepancias ideológicas tan necesarias en una democracia. Nos enseñó a confiar firmemente en que las naciones europeas son mejores juntas; a apostar por los logros colectivos, por que las grandes hazañas son resultado del trabajo compartido

Su rostro ha acompañado a toda una generación, la mía, que no sabíamos bien qué iba a suponer aquello de entrar en la Comunidad Económica Europea y que, sin embargo, hemos sido la primera en disfrutar plenamente del mayor espacio compartido de derechos y libertades, la primera generación del programa Erasmus. De alguna manera, somos la generación que somos gracias a Manuel Marín.

Manuel Marín era un hombre de consenso. En la actualidad hay quienes ponen más empeño en buscar la diferencia que el consenso, desde una concepción profundamente errónea de lo que es la firmeza política y democrática. La historia es tozuda en mostrarnos que son precisamente los valedores del consenso a partir del diálogo quienes construyen política y democracia.

Hace tiempo que pienso que con la marcha de quienes, como Manuel Marín, han hecho posible nuestro modelo de convivencia, español y europeo, se cierra una era. Sabemos dónde nos ha conducido la política enraizada en el diálogo y el consenso y no puedo evitar pensar con una mezcla de duda y temor si quienes nos dedicamos hoy a la política estamos a la altura de quienes nos han precedido en la construcción de los proyectos comunes y colectivos que son España y Europa.

En la víspera del día de la Constitución y en medio del “lío” en que estamos me parece fundamental recuperar para la política valores como la fe en nosotros mismos, la humildad para no despreciar las propuestas del que tenemos en frente y el coraje para llegar al consenso y anteponer el bien común al particular.

Creo que ese sería un buen homenaje al legado de Manuel Marín.

@CarlotaMerchn